Comunicado del Círculo Tradicionalista Gaspar de Rodas ante la «despenalización» del aborto

El pasado lunes 21 de febrero, después de meses de incertidumbre, se dio a conocer la decisión de la Corte Constitucional de despenalizar el aborto en cualquier circunstancia hasta la vigesimocuarta (24) semana de gestación. Como no podía ser de otra forma —y qué horrible sería si no—, tal decisión causó un gran escándalo en la sociedad colombiana. Y no es para menos cuando en un régimen que se dice democrático este tipo de decisiones son tomadas por un órgano cuyos miembros no son de elección popular.

No obstante, consideramos estéril la actitud de los sectores de la derecha liberal cuya crítica se limita exclusivamente a señalar esta contradicción y escudarse en la constitución. Nada más erróneo: contrario a lo que ellos creen, la constitución misma es el problema; el problema es el Régimen del 91 cuyas instituciones están diseñadas para que estos sean los resultados y para neutralizar todo tipo de oposición. Esto último es evidente al advertir que ambas ocasiones en las que se despenalizó el aborto —la primera parcialmente y la segunda totalmente— se dieron bajo gobiernos de presidentes reputados conservadores, el de Álvaro Uribe y el de Iván Duque.

A los que siguen bajo la ilusión de defender la constitución, cabría preguntarles: ¿Qué pasaría en caso de que la constitución tuviese al aborto por derecho fundamental de forma textual? ¿Sería entonces ahora justo?

El aborto siempre será un crimen contra Dios independientemente de lo que diga la ley escrita. Si la constitución no le hubiese dado semejante poder a la Corte Constitucional, esto simplemente no hubiera sucedido. La Corte Constitucional se ha convertido pues en el nuevo soberano y ni siquiera se limita a ello, sino que, al pretender decidir sobre la vida de los inocentes está atribuyéndose derechos que sólo le corresponden a Dios. ¡Qué tan terrible debe ser un documento que justifique que una institución se ponga al nivel de Dios!

Mientras tanto, el colombiano de bien, indignado con justa razón ante semejante atrocidad, irá dentro de no pocos meses a votar por los candidatos que en los últimos días criticaron la decisión de la Corte. Estos candidatos, como ya hemos dicho anteriormente, defienden el sistema político que nos llevó a este desastre y son bien cuidadosos en aclarar su defensa al Régimen del 91 cuando expresan su supuesta oposición. Lógicamente, el no cuestionar el sistema es lo que permite que éste se perpetúe y que más adelante pueda avanzar en el proceso revolucionario de volver ley todo lo que va contra Dios y la naturaleza, causando nuevamente la indignación del votante.

Sólo cuando los colombianos se den cuenta de que el problema es el Régimen del 91 y sus instituciones, esto cambiará, pero eso no sucederá mientras sigan dentro del círculo vicioso ya descrito.

Nos encomendamos a Nuestra Señora de Chiquinquirá, reina de Colombia, y le rogamos que interceda por nuestra Patria para que la sangre de los inocentes no caiga sobre nosotros.

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