La Grita y su Santo Cristo, un patrimonio de los andes venezolanos

Héctor Hernández

La «Villa del Espíritu Santo de la Grita» es un municipio del actual estado Táchira de la republica venezolana (ubicado en la región noroccidental de la cordillera andina). Siendo la segunda villa de su zona tras la de San Cristóbal (actual capital del estado) al ser fundada tras las expediciones de los conquistadores Francisco de Cáceres y Juan Rodríguez Suarez que partieron desde Pamplona. La zona en cuestión estaba habitada por múltiples tribus de las familias Chibcha, Arawac y Motilon. Siendo de estos últimos de quienes vienen los temibles «Chinatos», (Léase «Táchira Prehispánico» de Horacio Moreno), feroces habitantes de la villa y quienes usaban del alboroto y escándalo en la gritería que dio nombre a la zona (La Grita), tal como indica Fray Pedro Simón.

 Destacando el papel del primer conquistador (Francisco Cáceres) por haber traído consigo, tras un viaje a la metrópoli española, un grupo de misioneros franciscanos. Quienes sin duda van a marcar una importante influencia en la naturaleza del pueblo andino.

Así, van a instituir una gran escuela conventual (usando el término de Luque Artigas citado por José Pascual Mora García en «La memoria textual en la Cultura Pedagógica. Caso: La Grita, cantón de la antigua Provincia de Mérida de Maracaibo Venezuela») donde van a instruir a los habitantes de sus alrededores en la doctrina católica y en los múltiples oficios y artes cristianos. Atribuyéndosele por el cronista Rafael María Rosales la primera escuela de pintura fundada en toda la historia de la actual Venezuela.

Santo Cristo de la Grita

Así, surge tempranamente una devoción que subsiste hasta nuestros días, según la tradición popular, el Santo Cristo de la Grita es una imagen sagrada que aparece en el siglo XVII cuando un fraile franciscano empieza a esculpir un Jesús Crucificado tras un gran terremoto que destruyó la villa en el siglo XVII. Logrando acabar con facilidad el cuerpo, pero encontrando problemas al trabajar el rostro. Por lo menos, hasta que un ángel bajó del cielo y lo hizo por él. Dejándole un hermoso Cristo de expresión conmovedora que a día de hoy sigue cautivando.

Sin embargo, en relación a los detalles de la historia suelen haber problemas entre distintas versiones y teorías. Algunos estudios han arrojado investigaciones con resultados que indican un inicio de la devoción décadas después a lo afirmado por la tradición (1610, tras el «Terremoto de San Blaz»), e incluso otros hallazgos cuestionan sobre el autor de la escultura (pues se cuenta haber sido un fraile de nombre «Francisco de Orellana» y según Fernando Campo del Pozo en «historia documentada de los agustinos en Venezuela durante la época colonial» se encuentra registrado no como franciscano del convento en La Grita sino como un agustino de San Cristóbal, aunque sí con permiso de hacer apostolado cerca de La Grita).

Los historiadores se basan, tal como indica Samir A. Sánchez en «El Santo Cristo de La Grita, una talla del barroco tachirense, s. XVII» en la no mención a la devoción por parte de Fray Pedro Simón en su obra «Tierra Firme en las Indias Occidentales» cuando relata sobre la Villa de La Grita tras su paso por la misma en 1613. A su vez, hasta el momento la más temprana referencia documental a la devoción y su cofradía aparece en 1669 por lo que todo parece apuntar a que la escultura surge tras el terremoto de 1644 (referido por Samir A. Sánchez en «El Santo Cristo de La Grita: una imagen y dos maderas (radiografías a una talla de mediados s. XVII)». Siendo esculpida por los franciscanos, seguramente uno de nombre Francisco

Su fiesta se celebra el 6 de agosto con promesas y ceremonias, donde los mismos fieles se preparan con días de antelación (se toma el 3 de agosto para hablar del inicio a sus celebraciones), destacando la peregrinación que agolpa a todos sus devotos en las calles y carreteras que conectan a los distintos pueblos del Estado Táchira con la aislada villa de La Grita. Remontándose la peregrinación de sus fieles a los tiempos en que la devoción estaba menos difundida y cuando los caminos hacían el viaje mucho más difícil.

El Santo Cristo de la Grita como patrono menor desde los tiempos virreinales y La cofradía del Señor Crucificado

Según Samir A. Sánchez en «El Santo Cristo de La Grita, una talla del barroco tachirense, s. XVII» ya consta que en 1818 la devoción al Santo Cristo de la Grita es reconocido patrono menor en la región, tal como demuestra con el siguiente documento:

Por lo acordado con el M.V. Cabildo Eclesiástico, declárese titular de la ciudad de la Grita el Espíritu Santo cuya fiesta teniendo ya por la Iglesia Universal todo el rito correspondiente también a tal titular obsérvese sin innovación. Y sólo como patrono menor la de la Transfiguración del Señor en la advocación del Santo Cristo de la Grita de la dicha ciudad.

Silva, Antonio Ramón, Mons. Documentos para la historia de la diócesis de Mérida, tomo IV, Mérida, 1922, p. 104: Carta Pastoral del obispo de Mérida de Maracaibo sobre los calendarios eclesiásticos a regir en su diócesis, de fecha 20 de abril de 1818.

Los franciscanos y Gritenses mantienen el cuidado y resguardo de la devoción al santo cristo de la grita a lo largo de la historia, llegando a instituir una cofradía especial que se mantiene hasta nuestros días pero que ha sufrido algunos cambios en distintas etapas del tiempo, como consecuencia de algunos hechos entre los que figuran los siguientes:

  • 1. Destrucción parcial y total de la villa como consecuencia de los distintos terremotos y otros desastres naturales sucedidos en toda su historia como periodos de crisis económica que empobrecieron a su población, y especialmente con la baja de los precios en el cacao, tabaco y café como distintas subidas de impuestos internos en alcabalas y aranceles que comunican la economía de La Grita y su región con los puertos zulianos y colombianos. (Léase «La Villa de San Cristóbal en la Provincia de Mérida durante el dominio hispánico» Edda O. Samudio A.) Así como los periodos de prosperidad natural y económica de los que gozó la región en otras etapas y que influyeron positivamente en la población.

  • 2. La desaparición y abandono del convento franciscanos entre 1768 y 1776. (Samir A. Sanchez en «El Santo Cristo de La Grita, una talla del barroco tachirense, s. XVII»). Y el regreso de la orden posteriormente en la historia.

  • 3. La institución de «Escuelas Patrióticas», con un enfoque pedagógico más ilustrado y técnico con merma del elemento religioso, desde Carlos III hasta Carlos IV. (José Pascual Mora García en «La memoria textual en la Cultura Pedagógica. Caso: La Grita, cantón de la antigua Provincia de Mérida de Maracaibo Venezuela»). Como otras distintas formas de escuelas que sucedieron a la pedagogía franciscana conventual tales como las que aparecieron tras la imposición de la República y sus reformas educativas. Sin embargo, merece mención positiva el aporte del célebre Monseñor Jáuregui Moreno en relación a la educación de la región.

  • 4. La desastrosa situación de la región junto a todo el país como consecuencia de la Guerra de 1810-1822. Junto a otras guerras y conflictos internos de menor magnitud.

  • 5. Empobrecimiento de la situación eclesiástica tras el establecimiento de la república tal como ilustra Monseñor Nicolás E. Navarro en «Anales Eclesiásticos Venezolanos» especialmente en los conflictos iglesia-estado del periodo guzmancista donde se expatrió al ilustrísimo obispo Hilario Bosset.

  • 6. Distintas reformas eclesiales y pastorales por parte de las distintas autoridades de las diócesis a las que ha estado sufragánea la villa de La Grita. Entre otros.

Lastimosamente, una buena parte del registro documental se ha ido perdiendo con el tiempo, por lo cual el material historiográfico es muy escaso y no se puede dilucidar mucho respecto a los distintos momentos que experimenta el pueblo de la grita y su devoción, sobre todo durante el periodo anterior al republicano. Ejemplo de ello es que el documento más antiguo del que se tiene constancia en relación a la Cofradía data de finales del siglo XVIII (1770) tras la derogación del convento franciscano.

Sin embargo, José Pascual Mora García en «La Tachiraneidad: Categoría histórica y filosófica» permite conocer algunos puntos y detalles tales como:

(con las cofradías) en cuanto a lo religioso: 1) se buscaba sistematizar la devoción a la imagen del Santo Cristo, cuya imagen estaba ubicada en una capilla dentro de la iglesia; 2) el día de la celebración de la festividad era el 6 de agosto, y se recogían limosnas, contribuciones y tributos que en algunos casos eran en especies para la manutención del culto; 3) se otorgaban indulgencias por la participación en la cofradía.» «Tenían implicaciones sociales y económicas; en el caso de la cofradía del Santo Cristo se encuentran muestras de cada una. Desde el punto de vista social: 1) el participar en la cofradía tenía como beneficio que se velase por su salud, enfermedad o muerte; 2) los cófrades eran seleccionados de acuerdo a su capacidad económica de pago por lo que pertenecer a la cofradía era también símbolo de status. Pero esta condición no le negaba a otras castas la posibilidad a participar, simplemente contribuían con lo que podían. (…) En cuanto a lo económico, la cofradía del Santo Cristo funcionaba en la práctica como una empresa bancaria, que ya para finales del siglo XVIII contaba con capitanes respetables. (…) Las cofradías tenían entre sus objetivos los siguientes: 1) adquirir bienes muebles o inmuebles que incrementaran el capital de la cofradía; 2) colocar dinero a censo, con sus respectivas garantías hipotecarias, a un interés del 5% anual; 3) fabricar locales para ser alquilados, y en algunos casos para construir escuelas, hospitales, y orfelinatos; 4) se fijaba una cuota para ingresas y una cuota anual a los cófrades, igualmente se pagaba por llevar el estandarte o insignia en la procesión; 5) organizar las fiestas patronales.

A su vez, comparte un manual escrito el 4 de agosto de 1852 por su Ilustrísima y obispo de Mérida Juan Hilario Bosset (quien como ya se dijo luego sería expatriado por el régimen guzmancista, muriendo en camino a su destierro por su ancianidad) por mandato del también ilustrísimo secretario Tomás Zerpa (a quien el célebre párroco Jesús Manuel Jauregui, quien sistematizaría mejor la cofradía después, promoviera su causa de beatificación durante su exilio antes de su muerte) donde se encuentra lo siguiente:

Esta cofradía se compone de todas las personas de ambos sexos inscritos en ella, y su objeto es profesar una sincera y sierva devoción a nuestro Divino Salvador en su crucifixión, honrarle en todas ocasiones e implorar constantemente su misericordia. Para su bien gobierno tendrá un director y capellán, dos procuradores, un tesorero y un secretario. Será director y capellán el venerable cura que es o por tiempo fuere de la Iglesia matriz de La Grita y sus deberes son promover por todos los medios posibles el culto de su Divina majestad con el expresado título de crucificado. Presidir las juntas que el mismo convocare, admitir los hermanos, conferirles el santo hábito y hacerlos escribir en el libro. Los procuradores ayudarán al director en todo lo concerniente al culto del Señor Crucificado, recaudarán las limosnas y agenciarán cuanto le creyere conveniente al mismo objeto. El tesorero custodiará y mantendrá en su poder los fondos y alhajas pertenecientes a la cofradía, distribuirlos de acuerdo con el director con cuenta y razón. Y el secretario escribirá las actas y asentará los hermanos en los libros por el mandato del director. En cada 2 años del domingo inmediato después de la fiesta principal de la cofradía que cae el 6 de agosto, habrá una junta compuesta de todos los hermanos que quieran concurrir, debiendo haber por lo menos 5, y en ella se nombrarán procuradores, tesoreros, y secretarios pudiendo ser reelectos; en la misma presentará el tesorero las cuentas que haya llevado durante el año, la junta nombrará a 2 servidores que con sus reparos e informes las pasarán al venerable vicario para la aprobación. La fiesta principal o el día de la transfiguración se procurará celebrar con todo su esplendor posible y al gin de la misa se leerá la creación de esta cofradía con sus indulgencias y obligaciones de los cófrades, si de otro modo no proveyese a su instrucción en ellas. Habrá todos los años en el mes de noviembre un aniversario por los hermanos difuntos, costeándose sus derechos por la cofradía. Se excita a los cófrades a dar alguna limosna el día de su entrada, el de la fiesta principal y del aniversario, pues no se cuenta con otro fondo para la subsistencia de este piadoso establecimiento, al rezar un tercio del rosario, a oír una misa por el cófrade que muere, a cuyo fin se pondrá aviso en la puerta. Cuando después de los necesarios costos, haya un sobrante de 100 pesos, hará el director que se le imponga ascenso por escritura pública, con hipotecas y demás seguridades convenientes para ir creando fondos permanentes.

La Cofradía del Santo Cristo llegó a tener tanta importancia que figuran miembros de otros 20 pueblos tachirenses e incluso de departamentos de la Nueva Granada durante el mismo siglo XIX.

Vieja Oración rezada al Santo Cristo de la Grita

«In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum»

«De la Cruz el misterio resplandece,
De la vida el autor muerte padece,
Y con ella la vida nos reparte
Pues al violento impulso de un soldado,
Herido con la lanza cruelmente
Para lavar al hombre delincuente,
con la sangre del rey ennoblecido,
Del tronco digno y fértil escogido
Para tocar el cuerpo más precioso.
Dichoso en cuyos brazos enclavados,
De los siglos el precio está pendiente.
Hecho peso del cuerpo, y juntamente,
Quitando a los abismos lo robado.
Yo te saludo oh Cruz, firme esperanza.
En este tiempo y días dolorosos,

Agua y sangre manó de su costado.
Ya cumplida se ve la profecía
Que en verso siempre fiel David cantaba,
Y a todas las naciones anunciaba,
Que Dios en un madero reinaría,
Árbol el más brillante y más hermoso,
Acrecienta la gracia a los piadosos
Y el perdón de su culpa al reo alcanza.
Oh Trinidad, de vida clara fuente:
Todo espíritu rinda a ti la gloria;
A los que de la cruz das la victoria,
Concédenos el premio eternamente.

Amén».

Fragmento del «Fulget Mysterium», antiguo himno litúrgico del Oficio de Tinieblas, del viernes santo (s, XVIII).

Oración rezada al Santo Cristo de la Grita por fieles peregrinas durante y después de 1920. según Samir A. Sanchez en «El Santo Cristo de La Grita, una talla del barroco tachirense, s. XVII».

El Santo Cristo como Patrimonio y el Gentilicio Grítense

En todo caso, lo importante es señalar la característica del Santo Cristo como patrimonio de los andinos venezolanos, especialmente tachirenses y gritenses, en cuanto a que su devoción ha sido transmitida de generación en generación haciendo posible llegar a los inicios de sus poblaciones, elevando el gentilicio de sus fieles en la piedad y la virtud. Logrando los andinos ser considerados ejemplo de gente trabajadora, cordial, religiosa y de mucho respeto por los valores familiares.

En concreto, de los gritenses, destaca la elocuente prosa con que Emilio Constantino Guerrero lo expresa en su novela «Lucía», una de las primeras obras literarias escritas en la región, que se reproduce a continuación:

Honrados y laboriosos, hacen de la virtud un culto, y del trabajo, un placer. El cuervo de los pensamientos sombríos jamás llegará batir sus negras alas en aquellas mentes, cerradas para el mal; y ni el odio ni la venganza ruin echan raíces en aquellas almas blancas y puras como níveos jazmines recién desplegados á la lumbre de la aurora.

Sus hogares están abiertos para todo el que á ellos toca; y no sólo se gozan en recibir y agazajar al que allí llega, sino que salen á encontrar al transeúnte á quien la noche sorprende en el camino, como lo hacía el anciano Abraham cuando tenía su poética tienda en el Valle de Mambré.

Sus hijos se educan en la escuela del trabajo y del respeto paternal; y aquellas pudorosas jóvenes sobre cuyas frentes apenas han posado su tibio beso veinte primaveras; blancas y bellas como las rosas de Jericó, son verdaderas vírgenes, á quienes bien pudiera tributarse culto, á estar colocadas en un altar.

El pobre que va á los campos á implorar un pan, jamás retorna á su tugurio sin traer las alforjas llenas de granos, y el corazón henchido de las más gratas emociones. Los sentimientos religiosos de nuestros aldeanos, están inspirados en la fe más viva y en la caridad más noble. El temor de Dios es allí la base de la vida, y eso por las costumbres son sencillas e inocentes, la conducta acriosala y el cumplimiento del deber sagrado.

A su vez, José Gregorio Villafañe ilustra más desde su célebre obra «Apuntes Estadísticos del Táchira» de 1877:

El aspecto del lugar en los días de trabajo es triste y solitario; en cambio, los domingos y otros días de fiesta la ciudad se torna alegre, agitada y bulliciosa con la muchedumbre que va y viene al mercado y á las tiendas; gentes todas de campo, vivaces y despiertas; entre éstas se distinguen por su hermosura física las mujeres, pues todas ó casi todas son de una blancura remarcable, rosadas y esbeltas, con ojos negros, grandes y de mirar expresivo y penetrante. Ya sea por la raza especial á que deben su origen (netamente español); ó por la bondad del clima de aquella región, ó debido en fin, á los fuertes ejercicios corporales de todo el año en sus campos y con motivo de largas y frecuentes cabalgatas, es lo cierto que la robustez y belleza de las griteñas ha llamado siempre la atención y héchose hasta proverbial». A causa de esto La Grita ha sido llamada la Circasia de Los Andes.

Las fiestas religiosas en el Táchira según Constantino Guerrero

Merece mención la relación de la festividad religiosa con el alma del tachirense, que se ilustra muy bien con la pluma de Emilio Constantino Guerrero en El «Táchira Físico, Político e Ilustrado» como se puede ver en la siguiente cita:

También tienen los pueblos del Táchira sus fiestas patronales, en que toma parte todo el mundo. San Cristóbal la celebra el 20 de enero; Táriba, el 15 de agosto; La Grita, el 14 de setiembre, etc. Prolónganse seis ú ocho días, que están destinados á la feria y al regocijo general. La víspera del patrón, á las doce del día, de un momento á otro, la ciudad se exhibe empavesada con arcos, banderas, gallardetes y cintas. Una ó dos bandas filarmónicas recorren las calles, entre la multitud que se agrupa con motivo de la distribución de los programas. Por la tarde hay corridas de caballos, juegos de cintas, capeo de toros en alguna de las plazas, que previamente se transforma en circo; y por la noche, música, globos, fuegos artificiales, bailes, etc., todo lo cual se repite durante cada día. Estas fiestas producen entre nosotros el mismo efecto de las exposiciones en los países cultos. Se estrechan las relaciones sociales y de comercio, se abren nuevas válvulas de salida á la producción, se mejoran los caminos públicos, se embellecen las ciudades y se avanza en el progreso material y en la cultura del espíritu.

Los Gritenses y otros tachirenses como fundadores de pueblos tras la Guerra de 1810-1822

A su vez, conviene compartir sobre los movimientos migratorios que hay en la grita como en toda la región tachirense. Tal como ya dilucida Emilio Constantino Guerrero en su «Táchira Físico, Político e Ilustrado» cuando dice que:

Las crueldades de que fueron víctima (los realistas de La Grita), durante los primeros años de la Guerra Magna, hizo que muchos de los frailes se fueran para otros lugares, y los que quedaron hubieron también de retirarse cuando fue extinguido el Convento por la ley de ’28 de julio de 1821. Todavía para 1835 se encontraban en San José de las Palmas, Fray Pedro de Corella, y en San Buenaventura, hoy San Faustino, Fray Miguel de Cervera, ambos migrados del Convento de La Grita, y el primero de los cuales tenía fama en esas montañas, de ser un elocuente y patético orador.

Tal vez el caso más interesante sea el de el presbítero Francisco Estrella, cura de La Grita, quien se internó en la selva y allí instruyó al joven José Amando Pérez, nacido en 1812 por la zona de Lobatera, a quien enseñó la doctrina cristiana y en quien despertó una gran admiración y deseo de imitación que le llevó a dedicar todos sus esfuerzos por ser sacerdote. Meta que lograría en los años 40, haciéndose doctor en Sagrada Teología y posteriormente consiguiendo la ordenación sacerdotal. Siendo este muchacho el célebre fundador del pueblo de Michelena después del terremoto de 1849 que destrozó su pueblo natal y que sepultó a sus padres y seres queridos.

Por los años de 1827 ocurre también un fuerte terremoto que destruye La Grita y por el cual parte de sus supervivientes deciden asentarse en una mesa plana y pequeña fundando así el pueblo de San Pedro de Seboruco.

Así, superando el sistema de encomiendas, resguardos, misiones, reducciones y otras más instituciones españolas, el siglo XIX se caracteriza por la aparición de múltiples pueblos que han evolucionado y perduran hasta hoy. Caso tal como el pueblo de Ureña, Capacho Nuevo o San José de Bolívar.

Referencias

  1. Táchira Prehispanico, profesor Horacio Moreno. Consultado el 5 de agosto de 2021 en: http://eltachiraprehispanicohoraciomoreno.blogspot.com/2017/07/el-tachira-prehispanico-por-horacio.html
  2. La memoria textual en la Cultura Pedagógica. Caso: La Grita, cantón de la antigua Provincia de Mérida de Maracaibo Venezuela* De la Escuela Conventual a la Escuela Republicana Universidad de Los Andes Táchira. Consultado el 5 de agosto de 2021 en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2971252
  3. LA HISTORIA DE LA SAGRADA IMAGEN DEL SANTO CRITO DE LA GRITA (1610-2010) José Pascual Mora García. Consultado el 5 de agosto de 2021 en: http://erevistas.saber.ula.ve/index.php/sociedadbolivarianatachira/article/view/2773
  4.    El Santo Cristo de La Grita, una talla del barroco tachirense, s. XVII | The Christ of La Grita. A Tachiran Baroque Wood-Carving from the 17th-century.  blog académico Proyecto ExpArt dirijido por Samir A. Sanchez. Consultado el 5 de agosto en: https://bitacorasamisan.blogspot.com/2013/08/el-santo-cristo-de-la-grita-una-talla.html?m=1
  5. El Santo Cristo de La Grita: una imagen y dos maderas (radiografías a una talla de mediados s. XVII) │ New research findings on 17th-century polychrome wood sculpture. Historical Carving was first-ever X-rayed: The Christ of La Grita (Táchira State).  blog académico Proyecto ExpArt dirijido por Samir A. Sanchez Consultado el 5 de agosto de 2021 en: https://bitacorasamisan.blogspot.com/2019/03/la-tecnica-radiografica-en-la-talla-del.html
  6.  El Táchira Físico, Politico e Ilustrado, Emilio Constantino Guerrero (1905), consultado el 5 de agosto de 2021 en:  https://archive.org/details/eltachirafsicop00guergoog/page/n2/mode/2up?q=la+grita
  7. Lucía, Emilio Constantino Guerrero (1895) consultado el 5 de agosto de 2021 en: https://archive.org/details/lucia00guergoog/page/n96/mode/2up?q=trabajo
  8. Apuntes Estadisticos del Táchira (1877) José Gregorio Villafañe, consultado el 5 de agosto de 2021 en: https://books.google.com.bo/books?id=tR46AQAAMAAJ&printsec=frontcover#v=onepage&q&f=false
  9. «La Villa de San Cristóbal en la Provincia de Mérida durante el dominio hispánico» Edda O. Samudio A. Universidad de los Andes. Consultado el 5 de agosto de 2021 en: https://www.redalyc.org/pdf/200/20000505.pdf
  10. «Anales Eclesiasticos Venezolanos» Monseñor Nicolás E. Navarro. Consultado el 5 de agosto de 2021 en: https://archive.org/details/analeseclesiasti00nava
  11. «La Tachiraneidad: Categoría histórica y filosófica» José Pascual Casanova. Consultado el 5 de agosto de 2021 en: La tachiraneidad: Categoría histórica y filosófica | Mora García | Heurística (ula.ve)

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